sábado, 13 de junio de 2015

La paloma de Parra


La paloma de Juancito Parra
El Escenario
El hombre había pasado toda la mañana en el pasillo frente al consultorio del Dr. Pérez hasta que una hermosa secretaria le dijo que pasara, después de anotarlo en una ficha rectangular donde estaba colocado su nombre, sexo, peso, estatura, edad, estado civil, dirección, teléfono y foto de frente. También la secretaria había emitido un recibo y le había cobrado 2000 Bs por su primera consulta.
(Ya puede pasar-le dijo la secretaria-, entonces escoltó al Hombre por un pasillo corto muy lujoso, como si fuera la oficina de un Presidente de un gran Banco, hacia el consultorio del Dr. Pérez, que era antecedido por una pared llena de diplomas, reconocimientos y dos inmensos cuadros originales de dos pintores franceses de reconocida firma y en la puerta había una placa en color oro que decía “Especialista en cirugía estética”)
Secretaria: -Buenos días Dr. Pérez le presento al Sr. Parra , que viene a su primera consulta.
Dr. Pérez: Mucho gusto señor Parra, bienvenido a mi consultorio, por favor tome asiento y dígame en qué puedo ser útil.
(La hermosa secretaria con su faldita pequeñita y más atributos que Iris Chacón, le entrega la ficha, sale inmediatamente del consultorio y cierra la puerta).
Parra: -Muchas gracias doctor, gusto en conocerle. Realmente pensé mucho en venir
a su consulta. Lo pensé por muchos años y me decía “me provoca someterme a esa operación”, pero no tenía la fuerza para venir. Hasta que un día leyendo la revista de los domingos que viene insertada en el diario y ví su anuncio, que coincidió con una entrevista que le hicieron a usted y donde exponía que tiene más de 30 años de experiencia…me decidí.
Doctor: Ah, esa entrevista gustó mucho y la leyó mucha gente. Usted no se imagina la cantidad de personas que han venido después de eso. Recuerdo que ese día me puse una linda corbata de seda italiana, verde perico, con un traje de lino azul eléctrico y la foto quedó preciosa … A mi me gustó mucho porque salí como rejuvenecido y para los efectos de marketing metí tremendo golazo. Siga contando su historia señor Parra
Parra: -Bueno doctor, entonces, me decidí y me dije “Parrita, ya es hora de lograr tu sueño. Visita a ese hombre chico y operate..”
Doctor: -Caramba que interesante señor Parra. ¿Se imagina usted que los hombres pensaran como usted? Fuera algo más que estupendo. Yo tengo algunos clientes que se hacen sus toques en los ojos, se estiran un poquito la cara para eliminar algunas arrugas, usted sabe, gente del medio de la televisión; hombres que se perfilan la nariz fundamentalmente. Yo no tengo problemas en atender hombres y mujeres, porque mi especialidad no mira sexo. Yo atiendo a hombres y mujeres por igual, aunque las mujeres son más atrevidas a ponerse sus teticas, a aumentarse sus nalguitas y hasta a ser vírgenes de nuevo, ja,ja,ja. Todo se vale señor Parra.
Parra: ja,ja,ja Le aseguro que eso lo entiendo. Yo vengo porque me quiero dar un gusto. No crea apreciado doctor que es vanidad pura.
Doctor: De ninguna manera, yo no juzgo a mis clientes. Yo cumplo órdenes y si está en mis manos, en los conocimientos de la ciencia lo que piden, y tiene plata para ello, pues, yo lo hago.
Parra: -Ya me siento operado doctor, ja,ja,
Doctor: ¿Usted, señor Parra es un hombre sano, verdad?
Parra. Si doctor, dentro de lo que cabe…
Doctor:¿Es usted diabético?
Parra: No doctor.
Doctor: -¿Tiene problemas con la penicilina, con la anestesia, con la sangre?
Parra: No doctor.
Doctor: de todas maneras tengo que mandarte unos exámenes para descartar y proceder. ¿Pero, no me has dicho que te quieres operar?
Parra: Doctor, Yo me quiero operar la paloma
(El doctor dio un respingo en su silla y se pasó las manos por la cabeza. Inmediatamente apretó el intercomunicador y le pidió a su secretaria, dos cafés)
Doctor: ¿te quieres operar la paloma, el machete, el pajarraco, el muñeco de la ciudad?
Parra: si doctor, la paloma
Doctor : ¿Y esa vaina?
Parra: Bueno doctor, yo no he sido muy agraciado por la naturaleza. Tengo un machetito
Doctor: ¿Pero, funciona, verdad?
Parra: Si doctor. He tenido cría
Doctor: Bueno ¿y entonces?
Parra: es que yo siempre quise tener una palomota, una manguera de negro…
Doctor: ¿Y dices que eso no es vanidad?
Parra: Tal vez doctor, pero yo quiero sentir mi manguera bamboleándose para un lado y para el otro y que as mujeres se queden con la quijada en e piso cuando me vean.
Doctor. Pero eso tiene sus riesgos. Puede haber un percance en ese tipo de operaciones. Los clientes se van muy contentos con su manguerota, pero muchas veces les queda de adorno, porque no levantan ni que las ensalmen. Creo que deberías pensarlo. Yo te garantizo tu palomota del tamaño que quieras…pero, puedes quedar con un solo uso: “Solo para orinar, ese es el riesgo”.
(Parra se levantó de su silla y se dirigió a la puerta)
Parra: No doctor. Eso entonces no se piensa. Prefiero tener mi renacuajo, a quedar con una manguera que solo sirve para regar el monte.

viernes, 22 de mayo de 2015

Aquel 1ro de Mayo

Aquel 1ro de Mayo
Ese 1ro de Mayo de 1977 no tenía nada qué hacer, y además toda mi familia se había ido de paseo al oriente venezolano para visitar a los parientes y darse un buen baño de playa.
Entonces, yo me encontraba más solo que misa de seis. En eso, llega mi compadre y tocayo Luisito Paraguacuto para invitarme a marchar ese día desde Plaza Carabobo hasta la plaza O leary. Yo le dije: “… pero compadre usted marcha con los adecos y yo no soy adeco, ni voté por Carlos Andrés y todos ustedes van con su franelita de la CTV”. “No importa compadre.-me dijo-, lo importante es compartir y hoy habrá anuncio presidencial para favorecer a la clase trabajadora, luego nos refrescamos y nos comemos una parrilla en “Los Caobos” con el buró sindical”.
Total que me animé al considerar el asunto de la parrillita y las bebidas gratis y me fui a marchar, pero aproveché para recordarle a los trabajadores el origen del día del trabajador en la Chicago de 1886, cuando se peleaba por reducir las horas de trabajo a 8 horas diarias y que terminó en una manifestación sangrienta, con un policía muerto en medio del zaperoco, y que conllevó a la detención de unas treinta personas, que al final se redujeron a ocho y de ellas cinco trabajadores ,luchadores por la reivindicación fueron ahorcados.
-“Caramba compadre-me dijo el tocayo-, yo no me imaginaba que el origen del 1ro de mayo como día de trabajador, fuese tan sangriento”.
Yo me limité a verlo con detenimiento y le respondí-recuerdo-, “…que la lucha de los trabajadores siempre ha sido traumática en el tiempo, no solo contra los empresarios, sino hasta contra el mismo gobierno patronal.”
Ese domingo, después que terminamos de marchar, nos fuimos al parque “Los Caobos” a disfrutar de nuestra ofrecida parrilla y las bebidas refrescantes, que no estaban por ningún lado, y el buró sindical, tampoco.

La negra Mary Flor y Pedro Infante

La negra Mary Flor y Pedro Infante
Los últimos dos años habían sido estupendos, la moneda estaba fuerte, el empleo era estable y yo estaba peligrosamente acercándome a los 30 años. Recuerdo que tenía mi bello Ford LTD 1969 con sus vidrios eléctricos y ya me había comprado una casita por la esquina de El Muerto, que me había costado 30 mil bolívares.
Si, eran años muy tranquilos y siendo yo un empleado del Ministerio de Educación, la fuerza de nuestra moneda me permitía viajar a Curazao, Aruba y Nueva York como turista, pero realmente iba a comprar ropa en cantidades apreciables para la venta en el mercado de el cementerio. Eso me daba un ingreso estupendo. Entonces, decidí pedir la mano de la negra Mary Flor para hacer mi familia.
Les cuento que escogí como fecha para el evento el 1ro de mayo con todo y anillo de compromiso, serenata, brindis y todo eso. ¿Cuál no sería mi sorpresa, cuando el papá de la negra me pregunta “qué le ofrecía yo a su hija”? Eso lo sentí como un golpe en el estómago, porque yo me consideraba un buen partido y muchos de mis amigos no tenían ni remotamente lo que yo había logrado a mi corta edad. 
Yo le dije al viejo que mi intención era graduarme, seguir mis estudios como futuro abogado, a pesar que no me había ido mal como comerciante, pero fui rechazado. El viejo me dijo que me graduara primero. Entonces, la negra entró en crisis y me dijo que ella no esperaría, que prefería fugarse conmigo, como sucede en las peliculas mexicanas donde Pedro Infante o Jorge Negrete no andan con miramientos para llevarse una muchacha bonita, llore quien llore.
“Les digo una cosa con la mayor sinceridad, la negra Mary Flor es lo único que yo me he robado en la vida. Aquel 2 de Mayo de 1970 era mía y no hubo viejo ocioso que retardara la entrada de esa negra a mi casa” Yo me sentía feliz, como Pedro Infante.

Visita para Darwin

Visita para Darwin
Como sucede todos los domingos, los presos se congregaron en la cancha que quedaba entre las dos torres de la penitenciaría y “el Darwin” no esperaba a nadie.
Entonces, se paseaba entre los grupos para conversar y compartir con las visitas de sus compañeros. Había estado preso en una cárcel del Estado Miranda, pero recientemente había sido trasladado al Guarico en uno de esos movimientos inexplicables que hace el Ministerio y que a veces no obedecen a ningún criterio lógico. Lo cierto, es que no conocía a nadie en ese sitio y el peso de su condena se hacía sentir por la soledad y las penurias que sufre un preso en tierras extrañas.
Cuántos pensamientos habían pasado por su mente cuestionando las malas juntas y los errores cometidos como si nunca pagaría por ello. De esa manera, juraba redimirse; de esa manera, deseaba salir pronto hacia la libertad y comenzar otra vida. “Si eso haría”-se dijo-
Las horas de visita se estaban extinguiendo como una vela que está a punto de acabarse, cuando desde el portón un preso le grita: “Epa Darwin , tienes visita”. Entonces, el hombre sale de su letargo y pregunta: “¿Visita para mi? ¿Quién me visita?” y el mismo preso le responde: “Es tu mamá”.

Teresa, mamá pata

Teresa, mamá pata
La señora Teresa había llegado sola en un taxi a la maternidad, como a las 9 de la noche. Entonces, sacó unos billetes del bolsillo delantero de su bata maternal color perico y le pagó al chofer, quien se marchó tan pronto ella se bajó, para perderse tras una inmensa puerta, como si entrara a una fabrica de juguetes.
Caminaba como una pata, meneándose en una especie de bamboleo con su inmensa barriga de mujer embarazada. Entró por emergencia caminando como si estuviese comprando las verduras para montar una sopa en domingo. Ella decía que no necesitaba tanto tocamiento; que ya sabía que estaba a punto de parir, que ya sabía perfectamente que era el momento…pero, la enfermera que estaba de guardia le dijo con voz de sargento de tropa “que se quedara tranquila; que ya la iban a atender, tan pronto se desocupara la doctora que estaba en quirófano”. Entonces Teresa se sentó en una silla en un pasillo donde siete mujeres, casi niñas esperaban atención, con el terror en la cara que siempre tienen las primerizas.
Pasó una hora y nada que le atendían, sin embargo la doctora de guardia ya había salido y revisado a todas las mujeres para generar una lista de atención en la sala de parto. Teresa tomó su teléfono celular para llamar a su casa y pasar revista a sus otros hijos “Todo está bien mamá” le respondió su hijo mayor. Entonces Teresa se levantó de su silla y se acostó en una camilla, mientras llamaba a la enfermera para que le asistiera y pujando como si tomara agua, comenzó el proceso de alumbramiento ante la mirada de las siete muchachas, que nunca habían visto a una madre con experiencia.

Veinte años

Veinte años
La señora se bajó de la camioneta de pasajeros en medio del boulevard porque la cola no se movía y la gente caminaba para arriba y para abajo como en una procesión sin santos.
Entonces, se fue caminando esquivando a los transeúntes y vendedores ambulantes que gritaban “tres medias por mil”; que gritaban “ lleva la pantaleta para su niña”...Y fue allí cuando se preguntó “¿A quién se le ocurre autorizar la existencia de un mercado, en la entrada de un cementerio?”
Ya tenía cuatro semanas yendo todos los domingos, levantándose bien temprano, haciendo el desayuno y dejando todo en marcha en su casa, para luego ir al cementerio.
Esa mañana había dejado a sus hijas pelando las verduras y con las instrucciones bien detalladas para que hicieran la sopa, mientras se comía una arepa con revoltillo y una taza de café con leche.
La señora seguía caminando entre la multitud y el color negro de su vestimenta le fastidiaba desagradablemente, pues el sol estaba muy bravo y ese domingo el calor estaba muy intenso. “Es que el color negro en la ropa retiene mucho el calor - pensó- , eso todo el mundo lo sabe.” 
Se paró donde siempre, en un local que vende flores, velas, velones, sahumerios, floreros y pidió un racimo de flores variadas y el dueño le dijo “que ya le habían hecho el trabajo de grabar el nombre y las fechas del difunto en la pequeña placa y que un muchacho le acompañaría para pegársela en la tumba.”
Entonces, la señora reinició su marcha calle arriba dentro del cementerio, acompañada del muchacho y cuando llegó a la tumba y observaba cómo le colocaban la placa, no pudo aguantar las lágrimas al recordar, que a su hijo se lo habían matado a los veinte años, tan solo…

La cámara oculta

La cámara oculta

Ese día me levanté bien temprano, entonces cargué mis paquetes con el material de trabajo, el equipaje y tomé un taxi para que me llevara al terminal de pasajeros de autobuses en Bello Campo para abordar e irme a Maracaibo y trabajar por unos días. Yo me quería ir en avión, pero la empresa que me contrató no quiso asumir los gastos y de esa manera emitieron dos boletos por vía terrestre. Ir a Maracaibo en autobús de día es una cosa demasiado estresante, cansona y yo rumiaba palabras nada decentes ante esa situación…
Yo sabía lo que me esperaba, pues hace algún tiempo me pasó algo parecido y cuando llegué de noche a Maracaibo, decidí que más nunca haría ese tránsito a menos que me llevara mi carro y yo me tomara mi tiempo para ir con mucha comodidad y pararme donde me diera la gana…entonces, me llevé mi bolso de mano cargado de chucherías, mi celular inteligente, películas en CD, libros para leer, revistas y muchas cosas como si fuera una abuela viajando con una gran cartera llena de cosas indispensables.
Cuando subo al autobús y localizo mi puesto, me consigo con mi compañero de viaje que para  mi sorpresa, era una monja.
La saludé inmediatamente, me le presenté y le dije “…que seríamos compañeros de viaje por unas doce horas y que esperaba tener un viaje ameno a su lado”.
La señora casada con Dios asintió con su cabeza y me regaló una sonrisa que detallé con cuidado y me di cuenta que era una mujer joven, de hermosos ojos azules, blanca como la leche y muy hermosa. Yo pensé –sin querer-que la mujer parecía una modelo, que nada le envidiaría a una actriz de cine; a una mujer ligada al modelaje, al mundo farandulero. Entonces, me puse a mirar para todos lados, pensando que me estarían mamando gallo con alguna cámara indiscreta, oculta, con algún jueguito perverso, pero no vi nada que indicara tal cosa.
No crean que la mujer era delgada como si solo se alimentara de ostias. Nada de eso. Pude ver claramente entre sus piernas cruzadas que Sofia Loren era una niña de pecho ante sus encantos. Por eso seguí haciéndome el musiú  ante la posibilidad cada vez más posible de que una cámara estuviese grabando desde un huequito.
Cuando salimos de Caracas, fue que me hice a la idea que no había una cámara oculta, entonces cerré los ojos memorizando la frase "...que esa señora estaba casada con Dios y que las monjas no tienen sexo como si fuera una de esas muñecas para que jueguen las niñas."


Como a las 9 de la noche el autobús entró en el handem de la empresa de transporte. Yo aparté la cortina roja y pude ver a través del ventanal a mucha gente esperando a sus familiares. Me despedí de la monjita con quien había pasado unas doce horas de viaje y ella me dio unos teléfonos en una tarjetita que decía “Hogar de Ancianos San José”. A ella  le esperaban unas hermanitas y un hombre que seguramente era el chofer y fue quien tomó el equipaje modesto de la mujer. Yo fui recibido por el profesor Montiel quien era docente en la Universidad Cecilio Acosta en la carrera de Comunicación Social y con quien trabajaría por un mes aproximadamente haciendo tres o cuatro estudios simultáneos y recogiendo una data importante para elaborar tablas que permitieran el análisis de la realidad nutricional, habitacional, empleo, etc., en el oeste de Maracaibo.

Tan pronto llegué al hotel bajé nuevamente a la recepción y me presté a conversar con Montiel mientras tomábamos unas cervecitas bien frías y escuchábamos música en una rokola preñada de ballenatos y merengues.

Le dije que me había quedado impresionado con la monjita, que si no es porque lleva el hábito puesto, uno nunca se imaginaría que fuese una mujer dedicada a la iglesia en cuerpo y alma. Entonces, Montiel me dijo que todo lo que hubiese intentado con esa mujer sería en vano, porque las monjas no tienen cuca.




-¿Cómo me vas a decir Montiel-le dije- , que las monjitas no tienen cuca? ¿Acaso se te han volado los tapones de la cabeza con tanto calor o es que crees que yo soy un niño de pecho? Por supuesto, que las monjitas tienen su buena herramienta, ni que fueran seres diferentes o asexuales.
-Te explico-me dijo el profesor Montiel-, cuando una mujer se convierte en monja, no piensa más nunca en sexo y la cosa es tan intensa que la cuchara se le seca y por la mente no le pasa ni un mal pensamiento, solo usan la rajita para mear .

-¿de dónde sacas eso?-le dije-. Yo entiendo perfectamente que una mujer realice sus votos de abstinencia sexual, pero no dudo que en algun momento le traicione el inconsciente y de repente la cuchara le pique de tal manera, que tenga que ir al confesionario y decirle al cura que le arde la mucura y le palpita el deseo…eso puede pasar. Tal vez no se lo diga a nadie, se lo guarde, vamos a consentir en ello, porque no es normal que una monjita vaya a la farmacia a comprar pastillas y calmantes de la fogosidad …
-Yo digo que la cuchara a una monja se le desaparece, se le esfuma, se le transforma de tal manera,  que pierde todo su atractivo y la pobre mujer no le provoca  darse unos besos a solas, tu sabes, unos autobesos…
-Una vez me enteré que en Cuba consiguieron en los sótanos de un monasterio una cantidad enorme de fetos enterrados y se supone que eran de las monjitas, quienes tenían relaciones ocultas con los padres..
-Eso son cuentos de camino. A qui en mracaibo, nunca se ha visto una monjita preñada, caminando por esas calles-me dijo-
-Bueno…por supuesto. Si alguna vez sale una monjita preñada, lo más seguro es que deje la iglesia y salga a la vida mundana, o aborte y la escondan , o en ultima instancia digan que la preñó el espíritu santo. Pero, eso no creo que lo hagan porque…¿Quién aguantaría a la prensa jodiendo a cada rato, para enterarse de la vaina?