martes, 31 de marzo de 2015

La muerte de Fucho


La muerte de Fucho

Cuando nos enteramos que habían  asesinado al compadre Fucho, todos corrimos a buscar a su viuda y darle el pésame de rigor, sin tener la menor idea que tendríamos tantos problemas para darle cristiana sepultura: fue una experiencia difícil de creer para aquel paisano que no viva nuestra realidad, como mi hermano Carlos que tiene más de 30 años fuera de Venezuela.

La tragedia comenzó el día miércoles, cuando cuatro facinerosos le dieron la voz de “quieto”, entonces le robaron su bella gorra de los yanquis y su celular de última generación, no sin antes meterle dos tiros en la despedida accidentada, que hicieron los mal vivientes en su huída.

El pobre hombre quedó sin vida en el pavimento. No pudimos hacer nada por él y allí llevaba dos horas mientras llegaba el forense. Me daba mucha pena mi compadre allí tirado, entonces opté por llevarlo al hospital e ingresarlo sin vida para alcanzar un respeto por sus restos y fue una buena decisión porque luego me enteré que la gente de la morgue no llegó nunca a recogerlo.

 Después de varias horas en la cava del hospital, sus restos fueron enviados a la morgue para el examen patológico y criminalístico y eso fue un verdadero calvario, pues había carencia de patólogos y muchos infortunados esperando atención post morten, razón por la cual nos encontramos en medio de la noche del sábado, esperando que nos entregaran el cadáver del malogrado Fucho, cosa que sucedió el domingo en la mañana.

Hicimos una vaca para juntar una plata y adquirir los servicios de una funeraria que queda cerca de la casa de Fucho, cuyo pote legó a los 50 mil bolívares, sin embargo el servicio fue un verdadero drama porque no se conseguía formol y hasta el ataúd fue un vía crucis conseguirlo, porque había una seria escasez .

“Yo no le deseo a nadie que muera inesperadamente. Lo mejor en estos tiempos que estamos viviendo es que todo se de en forma pausada y de la oportunidad de conseguir todas las cosas necesarias, para un entierro decente”: Eso le dije a mi hermano Carlos.

martes, 10 de febrero de 2015

La enamoradiza de Linda Guareguá

La enamoradiza de Linda Guareguá

Cuando a penas cumplió los diez y seis años, la bella Linda Guareguá se perdió de su casa un viernes en la mañana, dejando a su madre hundida en uno de los momentos más angustiantes de su vida, sin saber qué le había pasado, dónde estaba y con quién.

Su madre la buscó por todas partes, visitó familiares, amigas del liceo y caminó mucha avenida, calle y plaza buscando a la Linda Guareguá, quien se había enamorado de alguien y un día se fue con el hombre, sin si quiera llevarse un trapito y despedirse de su mamá.

Pasaron meses sin ver a la muchacha, aunque algunas amistades visitaban a su madre y le decían, “…la vi por tal lado, me la encontré en la plaza Bolívar y creo que está en estado y viviendo por Naiguatá”. Así pasaron sus lunas, hasta que un día apareció la muchacha llevando de la mano a un muchachito igualito a ella, con los ojos grandotes y pícaros, como perrito “sabiondo” lamiendo chocolate en una perola descuidada.

Su madre la casó con el hombre a palo y con verbo fuerte, pero al tiempo, la Linda Guareguá se enamoró de otro y como si fuera una obra de teatro con repetición de escena; se perdió nuevamente por un tiempo, dejando al marido entendiendo, apareciéndose luego, con otra barriga, que también cuidó su mamá.

Así se fue yendo la vida, y les digo que a la  madre se le pintó la cabellera con ríos de plata; siendo abuela de ocho muchachos que parió la Linda Guareguá , que a sus cuarenta años sigue diciendo “que a ella no le quitan lo bailao, porque está enamorá…”

“Lo hice por amor, Marcano”

“Lo hice por amor, Marcano”

El señor Justo M arcano llegó al barrio después que formalizó sus amores con la mujer más bella y codiciada en diez cuadras a la redonda, o sea de la china Camacho.

La china era muy codiciada, porque realmente era guapa, con su cabellera larga de color azabache, sus largas pestañas naturales, sus ojos achinados por supuesto, que le valió el remoquete de “la china” desde el día que nació; su piel hermosa de color cobre y sus ojos marrones que a veces parecían verdes, con su boquita bonita como apurruñadita para dar un beso y su carácter tan tierno que solo atraía cariño de mujeres y hombres que eran sus amigos por siempre.

            A Marcano no lo conocía nadie, pues ella le conoció en su trabajo donde eran compañeros desde hacía como tres años. Pero cuando se mudaron a una casita que queda en la calle principal, todos le conocimos y entonces, fue parte del grupo sin ningún problema.

El hombre siempre decía que adoraba a su mujer, que era todo para él y entonces, le llevaba flores, le cantaba poemas de amor como si fuera un juglar de la edad de oro de la poesía española, pero cuando tenían cualquier problema de esos que no faltan en ninguna relación, el señor Marcano se emborrachaba y se aparecía con un mariachi cantándole canciones de despecho y más borracho que un barril de brandy.

Después que tenían como tres años de convivencia, empezamos a conocer  quién era el señor Marcano. Era un tipo difícil, celoso y complicado que de vez en cuando le daba sus golpizas a la pobre china, y en el tiempo que todos aconsejábamos a la china para que lo dejara, el señor Marcano se puso mas agresivo y en medio de un bolero y tomando más que Pedro Infante en una película de despecho, el señor Marcano le cortó la yugular a la pobre china y se voló la cabeza de un tiro, dejando tan solo una notita sobre la mesita de noche que decía “…lo hice por amor, Marcano”

El amor de María Corobo

El amor de María Corobo

El dia que se murió la abuela María Corobo, yo no me sorprendí para nada e incluso debo decir que ya lo esperaba.
Pocos meses atrás se había muerto su marido, con quien vivió más de cincuenta años y había sido el amor de su vida, hasta el día que se marchó después de apretarle la mano y darle un besito de amor eterno.
Sus hijas y nietos le rodeaban desde entonces, para alegrarle la vida y darle todo el amor posible, pero la abuela María Corobo tenía una tristeza muy grande por la muerte de su viejo. Un día me la encontré frente a su apartamento y ella misma me lo dijo: “Extraño mucho a mi viejo y no creo que pueda seguir viviendo sin él”.
Recuerdo que le dije –como siempre sucede en casos similares-“…que la vida sigue; que debe darle paso a los deseos de Dios, que debe seguir viviendo, que…”  Pero, los ojos de María Corobo se ponían más chiquitos, se enrojecían y su voz apenas salía de sus labios para llorar la muerte de su marido.
El día que se murió María Corobo, un vecino me preguntó “¿De qué murió María Corobo?” Yo me quedé pensando como buscando una respuesta en el aire, como tratando de interpretar el asunto y entonces le dije: “…La vieja María Corobo murió de tristeza ante el amor ausente, la vieja María Corobo se marchó  a buscar el amor de su vida…como lo hace una paloma que solo se enamora una vez y que cuando se le muere su pareja, abre sus alas y se va volando sin regresar más nunca, como si el viento la llevara al infinito.”_

lunes, 9 de febrero de 2015

Luís Alfredo Rapozo presentó su primer libro de cuentos titulado “Echando Cuentos”.

Luís Alfredo Rapozo presentó su primer libro de cuentos titulado “Echando Cuentos”.

El pasado viernes 6 de febrero de 2015



En un colorido acto en la sede de la Biblioteca Nacional en la Avenida Panteón     de Caracas, el cuentista y cronista Luís Alfredo Rapozo, presentó su nuevo proyecto “Echando Cuentos”. Al acto asistieron compañeros del autor, quienes fueron sus condiscípulos en la Escuela de Sociología de la UCV. También asistieron miembros de la Sociedad de Escritores de Anzoátegui, representados por Nemesio Paraqueima y Estelita Guarapana.

Después de bautizar el libro tomó la palabra el poeta Honorio Guatamare quien dijo: “… “Echando cuentos” es una recopilación de algunos cuentos breves que Rapozo ha publicado en varios medios, como en el diario Ultimas Noticias, El Tiempo de Puerto La Cruz, Reportero24, El Republicano Liberal y Llanero Digital. En estos tiempos modernos, la mayoría de sus cuentos breves se consiguen en la WEB…
         Yo digo, que es sabroso acostarse bajo la luz de una lámpara y leer poco a poco estos cuentos y hasta sentado, cuando se viaja en el metro, para no darle el puesto a una vieja fea, sin dientes y que apoye al régimen.”


            Posteriormente e escritor anzoatiguénse Nemesio Paraqueima dijo “… que estos escritos son un escape de las crónicas políticas y sociales que hace Rapozo con cierta regularidad en el diario El Tiempo de Puerto la Cruz y que bien merecen una recopilación aparte, pero el material que se presenta en estas páginas nos deja un oxígeno fresco para ver la realidad, con otra mirada y para recrearnos en una atmósfera extraña de lo real, escondida detrás de cierta magia inevitable, que nos rodea a todos…”

            Luego, se obsequiaron varios ejemplares de “Echando Cuentos” y el público asistente tomó la palabra en una amena tertulia, leyendo varios cuentos breves
   que fueron la alegría de la tarde. Rapozo se despidió diciendo que “…espero que vengan otros libros que tengo a punto y si no se acaba el mundo, me parece que los bautizaremos también a corto plazo”

lunes, 15 de diciembre de 2014

La cena de noche buena

La cena de noche buena
LUIS ALFREDO RAPOZO

Faltaban pocos días para la noche buena y entonces en esos momentos que uno se detiene a pensar sobre la fecha y acordarse de la familia , me vino a la mente el cuadro familiar de mi compadre Faustino Nuñez  y de sus tres hijos quienes son mis ahijados con carácter de exclusividad.

Con Faustino me une una hermosa amistad que se remonta a los tiempos de cuando nuestros padres, paisanos de origen  canario, llegaron jovencitos a esta tierra en la década de los cincuenta. Lo cierto es que decidí visitarles para hacerles llegar mis mejores deseos navideños y un prospero año  entrante, todo ello en medio de un ambiente tradicional donde pareciera que el tiempo no alcanzaba para todas las actividades que hay en casa. Ustedes saben, comprar la comida, arreglar esto y aquello, atender a los niños y todo eso...

En casa de Faustino me encontré con un decaimiento terrible. No había ambiente navideño por ningún lado y todos estaban alejados del espíritu navideño, que siempre encontraba dónde el compadre.

“Hay que levantar ese ánimo familia -les dije-, vamos a sacar los adornos, desempolven el viejo arbolito de navidad; limpiemos la casa, botemos los cachivaches y demos gracias a Dios, que estamos vivos y sanos”.

Yo entiendo y es evidente, que la situación económica que se vive actualmente en Venezuela no es la mejor, pero debemos tener el espíritu navideño  en alto. Ya vendrán tiempos mejores.  “-Si padrino, pero es que este año, ha mermado todo de una manera atroz”-me contestó el más grande de los ahijados- . “Los zapatos están muy caros, la ropa ni se diga, al punto que hemos optado por no cumplir con el tradicional el estreno, debido a los altos precios de los artículos”

-Yo eso lo entiendo, querida familia-les dije-, y es que no recuerdo haber vivido una situación como esta, tan menguada desde hace muchas décadas. Mientras tanto-les dije-, vivamos con alegría nuestras tradiciones, lo mejor que podamos. No importa que en noche buena, no tengamos zapatos nuevos, ni pantalones nuevos, ni camisas de estreno-. Lo importante, es que nos comamos las verdes de este año, pero unidos y con aspiraciones a que esta mala situación  cambie en los años venideros y logremos encontrar el camino de la producción, la estabilidad, el crecimiento, la abundancia, el progreso, las oportunidades, respeto a los derechos humanos y a la condición humana y política.

Como les decía-apreciados lectores-, ese día lo pasé con mis amigos, escuchamos gaitas, tomamos vino, preparé un hervido familiar de pollo y sacamos del closet el viejo arbolito para instalarlo en la sala, mientras nos poníamos de acuerdo para la cena de noche buena.

Cuando me fui a casa, dejé a mis ahijados contentos con su “aguinaldito”, a mi comadre haciendo su lista para la cena y a mi compadre Faustino embriagado de vino. Entonces, pensé que cuando vaya a la cena de noche buena en casa de mis compadres y ahijados, les llevaré un pequeño pesebre con un lindo niño, si señor.

martes, 11 de noviembre de 2014

Ocho días


Ocho días.
Ese domingo me levanté bien temprano como siempre. Entonces, me puse las alpargatas domingueras y salí a comprar los tres periódicos, que acostumbro a leer  ese día como algo sagrado: es una rutina que mantengo desde hace varias décadas, que mi mujer respeta, es como ir  a misa. La diferencia en estos tiempos, es que gasto casi cien bolívares en los tres diarios. ¿Qué no hacía uno con cien bolos, cuando era un chamito por los años sesenta? “Eso era plata”, pensé. Ahora, es un gas que se evapora. Como ya viene diciembre, uno se detiene a pensar en las tradiciones caseras. Ustedes saben; en limpiar la casa, pintar, arreglar esto, remendar aquello, adornar, hacer las hallacas, el “niño Jesús” para los chamitos, los regalitos y todo eso. “Es difícil no pensar en esas cosas”, me dije. Total que me puse mis periódicos debajo del brazo y fui a comprar varias empanadas para evitar que se cocine temprano en casa. Cada empanada me costó treinta bolívares, también llevo frutas para hacer un buen jugo de lechosa o  melón,  y entonces reviso los titulares a vuelo de pájaro: “Hallaca sale en Bs. 27 con relleno de Mercal”-decía en letras grandes una información dada por la agencia oficialista AVN-. Comento la noticia con los parroquianos que degustaban sus empanaditas y entonces todos rieron en medio de una guasa que todavía no ha terminado, y ya han pasado 8 días.