martes, 10 de febrero de 2015

“Lo hice por amor, Marcano”

“Lo hice por amor, Marcano”

El señor Justo M arcano llegó al barrio después que formalizó sus amores con la mujer más bella y codiciada en diez cuadras a la redonda, o sea de la china Camacho.

La china era muy codiciada, porque realmente era guapa, con su cabellera larga de color azabache, sus largas pestañas naturales, sus ojos achinados por supuesto, que le valió el remoquete de “la china” desde el día que nació; su piel hermosa de color cobre y sus ojos marrones que a veces parecían verdes, con su boquita bonita como apurruñadita para dar un beso y su carácter tan tierno que solo atraía cariño de mujeres y hombres que eran sus amigos por siempre.

            A Marcano no lo conocía nadie, pues ella le conoció en su trabajo donde eran compañeros desde hacía como tres años. Pero cuando se mudaron a una casita que queda en la calle principal, todos le conocimos y entonces, fue parte del grupo sin ningún problema.

El hombre siempre decía que adoraba a su mujer, que era todo para él y entonces, le llevaba flores, le cantaba poemas de amor como si fuera un juglar de la edad de oro de la poesía española, pero cuando tenían cualquier problema de esos que no faltan en ninguna relación, el señor Marcano se emborrachaba y se aparecía con un mariachi cantándole canciones de despecho y más borracho que un barril de brandy.

Después que tenían como tres años de convivencia, empezamos a conocer  quién era el señor Marcano. Era un tipo difícil, celoso y complicado que de vez en cuando le daba sus golpizas a la pobre china, y en el tiempo que todos aconsejábamos a la china para que lo dejara, el señor Marcano se puso mas agresivo y en medio de un bolero y tomando más que Pedro Infante en una película de despecho, el señor Marcano le cortó la yugular a la pobre china y se voló la cabeza de un tiro, dejando tan solo una notita sobre la mesita de noche que decía “…lo hice por amor, Marcano”

El amor de María Corobo

El amor de María Corobo

El dia que se murió la abuela María Corobo, yo no me sorprendí para nada e incluso debo decir que ya lo esperaba.
Pocos meses atrás se había muerto su marido, con quien vivió más de cincuenta años y había sido el amor de su vida, hasta el día que se marchó después de apretarle la mano y darle un besito de amor eterno.
Sus hijas y nietos le rodeaban desde entonces, para alegrarle la vida y darle todo el amor posible, pero la abuela María Corobo tenía una tristeza muy grande por la muerte de su viejo. Un día me la encontré frente a su apartamento y ella misma me lo dijo: “Extraño mucho a mi viejo y no creo que pueda seguir viviendo sin él”.
Recuerdo que le dije –como siempre sucede en casos similares-“…que la vida sigue; que debe darle paso a los deseos de Dios, que debe seguir viviendo, que…”  Pero, los ojos de María Corobo se ponían más chiquitos, se enrojecían y su voz apenas salía de sus labios para llorar la muerte de su marido.
El día que se murió María Corobo, un vecino me preguntó “¿De qué murió María Corobo?” Yo me quedé pensando como buscando una respuesta en el aire, como tratando de interpretar el asunto y entonces le dije: “…La vieja María Corobo murió de tristeza ante el amor ausente, la vieja María Corobo se marchó  a buscar el amor de su vida…como lo hace una paloma que solo se enamora una vez y que cuando se le muere su pareja, abre sus alas y se va volando sin regresar más nunca, como si el viento la llevara al infinito.”_

lunes, 9 de febrero de 2015

Luís Alfredo Rapozo presentó su primer libro de cuentos titulado “Echando Cuentos”.

Luís Alfredo Rapozo presentó su primer libro de cuentos titulado “Echando Cuentos”.

El pasado viernes 6 de febrero de 2015



En un colorido acto en la sede de la Biblioteca Nacional en la Avenida Panteón     de Caracas, el cuentista y cronista Luís Alfredo Rapozo, presentó su nuevo proyecto “Echando Cuentos”. Al acto asistieron compañeros del autor, quienes fueron sus condiscípulos en la Escuela de Sociología de la UCV. También asistieron miembros de la Sociedad de Escritores de Anzoátegui, representados por Nemesio Paraqueima y Estelita Guarapana.

Después de bautizar el libro tomó la palabra el poeta Honorio Guatamare quien dijo: “… “Echando cuentos” es una recopilación de algunos cuentos breves que Rapozo ha publicado en varios medios, como en el diario Ultimas Noticias, El Tiempo de Puerto La Cruz, Reportero24, El Republicano Liberal y Llanero Digital. En estos tiempos modernos, la mayoría de sus cuentos breves se consiguen en la WEB…
         Yo digo, que es sabroso acostarse bajo la luz de una lámpara y leer poco a poco estos cuentos y hasta sentado, cuando se viaja en el metro, para no darle el puesto a una vieja fea, sin dientes y que apoye al régimen.”


            Posteriormente e escritor anzoatiguénse Nemesio Paraqueima dijo “… que estos escritos son un escape de las crónicas políticas y sociales que hace Rapozo con cierta regularidad en el diario El Tiempo de Puerto la Cruz y que bien merecen una recopilación aparte, pero el material que se presenta en estas páginas nos deja un oxígeno fresco para ver la realidad, con otra mirada y para recrearnos en una atmósfera extraña de lo real, escondida detrás de cierta magia inevitable, que nos rodea a todos…”

            Luego, se obsequiaron varios ejemplares de “Echando Cuentos” y el público asistente tomó la palabra en una amena tertulia, leyendo varios cuentos breves
   que fueron la alegría de la tarde. Rapozo se despidió diciendo que “…espero que vengan otros libros que tengo a punto y si no se acaba el mundo, me parece que los bautizaremos también a corto plazo”

lunes, 15 de diciembre de 2014

La cena de noche buena

La cena de noche buena
LUIS ALFREDO RAPOZO

Faltaban pocos días para la noche buena y entonces en esos momentos que uno se detiene a pensar sobre la fecha y acordarse de la familia , me vino a la mente el cuadro familiar de mi compadre Faustino Nuñez  y de sus tres hijos quienes son mis ahijados con carácter de exclusividad.

Con Faustino me une una hermosa amistad que se remonta a los tiempos de cuando nuestros padres, paisanos de origen  canario, llegaron jovencitos a esta tierra en la década de los cincuenta. Lo cierto es que decidí visitarles para hacerles llegar mis mejores deseos navideños y un prospero año  entrante, todo ello en medio de un ambiente tradicional donde pareciera que el tiempo no alcanzaba para todas las actividades que hay en casa. Ustedes saben, comprar la comida, arreglar esto y aquello, atender a los niños y todo eso...

En casa de Faustino me encontré con un decaimiento terrible. No había ambiente navideño por ningún lado y todos estaban alejados del espíritu navideño, que siempre encontraba dónde el compadre.

“Hay que levantar ese ánimo familia -les dije-, vamos a sacar los adornos, desempolven el viejo arbolito de navidad; limpiemos la casa, botemos los cachivaches y demos gracias a Dios, que estamos vivos y sanos”.

Yo entiendo y es evidente, que la situación económica que se vive actualmente en Venezuela no es la mejor, pero debemos tener el espíritu navideño  en alto. Ya vendrán tiempos mejores.  “-Si padrino, pero es que este año, ha mermado todo de una manera atroz”-me contestó el más grande de los ahijados- . “Los zapatos están muy caros, la ropa ni se diga, al punto que hemos optado por no cumplir con el tradicional el estreno, debido a los altos precios de los artículos”

-Yo eso lo entiendo, querida familia-les dije-, y es que no recuerdo haber vivido una situación como esta, tan menguada desde hace muchas décadas. Mientras tanto-les dije-, vivamos con alegría nuestras tradiciones, lo mejor que podamos. No importa que en noche buena, no tengamos zapatos nuevos, ni pantalones nuevos, ni camisas de estreno-. Lo importante, es que nos comamos las verdes de este año, pero unidos y con aspiraciones a que esta mala situación  cambie en los años venideros y logremos encontrar el camino de la producción, la estabilidad, el crecimiento, la abundancia, el progreso, las oportunidades, respeto a los derechos humanos y a la condición humana y política.

Como les decía-apreciados lectores-, ese día lo pasé con mis amigos, escuchamos gaitas, tomamos vino, preparé un hervido familiar de pollo y sacamos del closet el viejo arbolito para instalarlo en la sala, mientras nos poníamos de acuerdo para la cena de noche buena.

Cuando me fui a casa, dejé a mis ahijados contentos con su “aguinaldito”, a mi comadre haciendo su lista para la cena y a mi compadre Faustino embriagado de vino. Entonces, pensé que cuando vaya a la cena de noche buena en casa de mis compadres y ahijados, les llevaré un pequeño pesebre con un lindo niño, si señor.

martes, 11 de noviembre de 2014

Ocho días


Ocho días.
Ese domingo me levanté bien temprano como siempre. Entonces, me puse las alpargatas domingueras y salí a comprar los tres periódicos, que acostumbro a leer  ese día como algo sagrado: es una rutina que mantengo desde hace varias décadas, que mi mujer respeta, es como ir  a misa. La diferencia en estos tiempos, es que gasto casi cien bolívares en los tres diarios. ¿Qué no hacía uno con cien bolos, cuando era un chamito por los años sesenta? “Eso era plata”, pensé. Ahora, es un gas que se evapora. Como ya viene diciembre, uno se detiene a pensar en las tradiciones caseras. Ustedes saben; en limpiar la casa, pintar, arreglar esto, remendar aquello, adornar, hacer las hallacas, el “niño Jesús” para los chamitos, los regalitos y todo eso. “Es difícil no pensar en esas cosas”, me dije. Total que me puse mis periódicos debajo del brazo y fui a comprar varias empanadas para evitar que se cocine temprano en casa. Cada empanada me costó treinta bolívares, también llevo frutas para hacer un buen jugo de lechosa o  melón,  y entonces reviso los titulares a vuelo de pájaro: “Hallaca sale en Bs. 27 con relleno de Mercal”-decía en letras grandes una información dada por la agencia oficialista AVN-. Comento la noticia con los parroquianos que degustaban sus empanaditas y entonces todos rieron en medio de una guasa que todavía no ha terminado, y ya han pasado 8 días.

viernes, 7 de noviembre de 2014

La cocinita

Cuando llegué a la Av. Los Próceres ya había tanta gente que uno inmediatamente pensaba que no habría tantas lavadoras, neveras y cocinas para satisfacer las necesidades de tanta gente. A penas eran las dos de la mañana y el operativo montando por el gobierno para vender peroles chinos tenía dos días haciendo cola y la gente estaba pasando mucho trabajo para comprar un coroto. ¿Cuánto se puede vender en un día? –me preguntaba, entonces llegué a la conclusión que era muy difícil adquirir una cocinita en Venezuela y que esto era un verdadero despelote-.

A las ocho de la mañana no cabía más gente en la avenida; había un tráfico  insoportable y ya la autopista y avenidas de El Valle, Nueva Granada y Santa Mónica estaban colapsadas.

El trasnocho me estaba pegando y me sentía como si hubiese pasado la madrugada en el Hospital Vargas para adquirir un número y me pudiera atender el homeópata. Pero, decidí no tirar la toalla y aguantar hasta el final para comprar una cocinita como si fuera un reto personal y entonces como a las doce del mediodía un militar con cara de perro rabioso dijo “que se había suspendido el operativo porque no podían controlar la demanda del servicio”, pero fue sincero cuando dijo “que prepararían mejor el asunto para reactivar el operativo”. Sin embargo, yo había decidido no sufrir más ese calvario y me fui caminando a casa pensando cómo podría comprar una cocinita en Colombia.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Nuestra red social

Nuestra red

Esa semana había ido tres días al supermercado, por cosas del azar, no era mi costumbre estar dando vueltas entre los pasillos del establecimiento. Entonces, durante esos días coincidí con varias amas de casa. Al principio ni pendiente, pero al segundo día ya nos saludamos e incluso comentábamos algunas cosas vinculadas a los productos que no se conseguían. Entonces, nos sentamos a tomar café dentro del mismo supermercado y entablamos una amistad de compradores de víveres muy extraña. Luego, al tercer día  coincidimos nuevamente y de tres personas compradoras amigas, pasamos a ser siete, luego ocho, hasta ahora que somos como quince, convirtiéndose en una verdadera guachafita , que nos permite estar datados de dónde se consiguen los escasos productos, usando el celular y transmitiendo mensajes de texto como en un programa de radio.

Con este hermoso grupo, he establecido una estupenda red social que me ha permitido salir todos los días y conseguir los productos, emulando la propaganda aquella que dice: “…que a lo que la primera se le pasa, la segunda lo repasa”. Desde entonces, consigo los víveres en un alto porcentaje, aunque caminando mucho con mis amigos de aquí para allá y de allá para acá. Es cuestión de usar unos buenos zapatos deportivos, ropa cómoda y tener muy bien carácter y mucha paciencia.

-Naturalmente-les digo a ustedes-, no hay garantía de nada. Todo es cuestión de suerte, pero si les aseguro que cada día la cosa es más difícil y la plata rinde menos.